jueves, 30 de mayo de 2013

Cuando la realidad se rompe

      Se terminó. La muñeca rusa que con esmero guardaba, ha terminado rompiéndome. Y su gemela, en otro lugar, también. Ya nunca me atreveré a abrirla para ver los secretos que guardaba, y no se si eso me perseguirá.


      Recojo los pedazos del suelo, y los guardo. No me queda mucho mas por hacer.

viernes, 3 de mayo de 2013

Ojos




Desperté con un terrible dolor de cabeza, y la sensación de que el suelo se movía. Traté de incorporarme fútilmente, pues solo conseguí aumentar el dolor de mi sien. Finalmente, abrí los ojos, y contemplé el cielo, totalmente cubierto de nubes grises y uniformes….extrañamente uniformes. De hecho, podría asegurar que era la misma nube repetida una y otra vez, con una extraña forma triangular perfecta. Pero pronto deseché esos pensamientos para centrarme en algo más perturbador. Dos enormes ojos me observaban allí arriba. Uno de ellos rojo, el otro morado. Ambos ocupaban un amplio espacio en el monótono cielo, y me miraban, sé que me miraban. Uno de ellos me contemplaba de forma acusadora, con su roja pesadez indagando en lo profundo de mi alma y extrayendo toda la culpa que albergaba, mientras el otro me castigaba, un dolor morado en mi corazón que me hacía arder por dentro. Tardé lo que para mí fue una eternidad en poder apartar la vista de los insondables jueces, y finalmente conseguí enderezarme. Estaba dentro de un pequeño bote de madera, en una amplia laguna que se perdía en todas direcciones. El agua no se movía ni lo mas mínimo, a pesar de los zarandeos a los que sometía a la barca con mis abotargados movimientos.

            El agua estaba enturbiada, y no podía observar más que una total y completa uniformidad, tan solo rota por los peces que en ella nadaban y que dejaban ver su forma en algunos momentos. He decidido llamarlos peces, aunque su forma no se parecía en nada. Eran criaturas famélicas, con torso similar al de los humanos, una cabeza de serpiente y extremidades terminadas en aletas. Parecían ignorar totalmente mi pequeño refugio, así que decidí hacer lo propio con ellos. No sabía donde estaba, y mis nervios empezaban a estar a flor de piel. 

            Pasé horas en el bote, soportando el escrutinio de aquellos ojos incansables, sabiéndome rodeado de extrañas criaturas, mientras mi alma ardía y mi mente desesperaba.  Un extraño canto empezó a inundar mi cerebro .Era una mujer, susurrando una canción que sonaba a la desesperación más pura, pero no dejaba de ser hermosa e intrigante. Miré en derredor, y vislumbré a lo lejos otra pequeña barca, con una figura abultada de pie en ella. Se acercaba a mí, y simplemente, esperé. La canción se filtraba en mi interior como pequeñas arañas burlando las esquinas más recónditas, y comulgaba con el juicio y el castigo de mi interior, en una armonía casi perfecta.

            Pronto, las barcas chocaron suavemente, y pude observar al ocupante, una mujer con un bebé en brazos. Levantó su rostro hacía mí para mostrarme una horrenda calavera que me observaba con los ojos aún intactos, mientras lloraba desconsoladamente sin dejar de emitir su funesto canto. No puedo apartarme, a pesar del horror, mientras ella levanta sus túnicas y trata de darle el pecho al niño, que no emite sonido alguno. La mujer tiene los pechos arrugados y secos, nada puede brotar de ellos. Me observa sin dejar de llorar y me acerca el niño, una criatura de aspecto sano y rechoncho, que poco a poco, a medida que lo acerca a mi, se hincha engordando a un ritmo antinatural. El gesto termina desequilibrando a la mujer, y sin que me de tiempo a actuar, acaba volcando su barca y cayendo al lago junto con el niño, donde son devorados por los habitantes del mismo, mientras el canto se apaga poco a poco en mi interior.

            Caigo de rodillas y me agarro la cabeza con fuerza, trato de gritar, pero los sonidos se ahogan en mi garganta. Pronto, vuelve la quietud y el silencio, y acepto la mirada inquisidora casi con alivio.

            Un golpe brusco me saca de mi letargo, mientras noto como mi embarcación deja de mecerse. Entumecido, decido levantarme sacando toda la entereza que aun conservo, y me veo encallado en una pequeña isla de arena.  Puedo ver tres árboles en ella, con troncos separados por varios metros, pero sus ramas se entremezclan grotescamente hasta formar una sola y densa nube de hojas rojas. Escucho un graznido que proviene de la extraña arboleda. Bajo de la barca, y renqueante, me acerco al centro de la isla, poco a poco. Mis pasos son inseguros, pero no tengo otro lugar al que acudir. Un nuevo graznido corta el aire, y un cuervo desciende de la espesura hasta posarse delante de mí. Un cuervo negro, de brillante pelaje, me observa con tres ojos. Asqueado retrocedo unos pasos, mientras de detrás de dos de los troncos, aparecen en escena un zorro con un par de ojos de mirada penetrante, y un enorme ciervo, que me mira sin ver con su único ojo, del que brota sangre. Los tres avanzan hasta juntarse, y se dirigen hacia mí. De pronto, la inquebrantable mirada de los cielos parpadea, y una densa oscuridad cubre todo mí alrededor. Tan solo puedo ver a los 3 animales, que se están uniendo en un único ser deforme y aterrador. Pero de la misma grotesca forma con la que se han fusionado, su piel se torna rosácea, su rostro adquiere rasgos humanoides, y me sonríe mientras acerca su mano hacia mí. Una palabra brota de sus labios, y retumba en todo mi oscuro derredor: “Solo”. 

            La oscuridad desaparece a la misma velocidad que surgió, y a mi alrededor veo cientos de seres de aspecto humano, que caminan en todas direcciones sin siquiera notar mi presencia. Son grises, como sus ropas. Sus ojos rojos miran al frente sin inmutarse.

Sus labios morados sonríen al unísono y todos se paran al mismo tiempo. Una palabra surge de miles de gargantas : “Solo”. 

            Y un solo grito brotó de mi interior.

jueves, 25 de abril de 2013

Canción: Pase lo que pase. (Pimpinela)

Os dejo con una canción muy muy especial para mí, la mas bonita que he oido nunca. No soy imparcial, proque significa algo más en mi vida.










Cuida mucho de los niños, y trata de ser feliz

lunes, 1 de abril de 2013

Cuento: la princesa Valehdella



Saludos lectores, tras un largo mes de parón. Hoy vengo a entregaros un cuento, solo para vosotros. Conoceréis la historia de dicha y felicidad de la princesa Valehdella. Espero que os guste.


            ”Erase una vez que se era, hace muchos muchos años, que en un antiguo reino llamado Aldatma nació una princesa. La alegría inundó los corazones de sus padres, y se celebró una fiesta en el palacio. Por decreto Real, todas las familias de noble cuna estaban obligadas a asistir, y todos los habitantes de la ciudad debían reunirse a la salida del palacio, para adorarla como merecía. Y así, el día de la presentación de la princesa, todo el reino estaba reunido para contemplar y alabar a su joven dama. Ese día, sus padres le pusieron su nombre: Valehdella.

            El tiempo pasó, y la princesa creció siendo la niña más feliz y querida del reino. Todos los años se celebraba una gran fiesta en su honor, a la que todos los nobles asistían por decreto Real, y todo el pueblo se reunía a las puertas de palacio para adorarla. Y esto complacía y hacía enormente feliz a Valehdella, sabiendo que era la niña más querida de todo el reino. Nunca le faltó de nada, desde las sedas más bonitas, a los juguetes más exóticos.

            Toda la gente a su alrededor la agasajaba, y siempre le recordaban que era la niña más hermosa del reino. Por decreto Real, toda mujer más hermosa que la princesa era desterrada de la ciudad, sin importar  su edad o condición. Y Valehdella, desconocedora de esto, era feliz sabiendo que era la niña más hermosa del lugar.

            Pronto, la niña se convirtió en mujer, y sus padres le buscaron pretendientes. Por decreto Real, todos los varones nobles y jóvenes del reino, tenían que presentarse en palacio para conquistar el corazón de la princesa, y ganarse sus favores.  Esto llenó de gozo a Valehdella, sabiendose deseada por todos.

 Y  su corazón se enamoró de un noble de baja cuna, Iluzja. Sus padres, queriendo que su hija fuera la persona más feliz del reino, dieron tierras al joven, y lo ascendieron a la categoría de príncipe. Lo entrenaron y educaron para hacer feliz a Valehdella, bajo amenazas al resto de miembros de su familia. Y la princesa, viendo cada vez mas posible el estar cerca de su amado, se llenó de emoción y sueños.

La boda fue organizada en el palacio, y por decreto Real, todos los nobles del reino debían asistir con regalos de gran valor, pudiendo pedir dinero a la corona para pagarlos. Y esto llenó de alegria a Valehdella, viendo que a todo el mundo le importaba verla feliz. Se casó con Iluzja, que la cuidó y atendió en todo lo que ella le pedía. Nadie en el reino era más feliz que la joven princesa, y nunca nadie lo sería.

Ella, aficionada a la lectura, adoraba las historias de grandes heroes y las leyendas de los caballeros andantes. Sus padres, queriendo la felicidad de su hija, declararon la guerra al pais vecino,  Palsu, no sin antes crear una historia de ofensas hacia Valehdella. Miles de personas murieron en nombre de la princesa, y su marido, el príncipe Iluzja, se llenó de gloria en la guerra, siempre en situaciones preparadas para que no sufriera daño alguno. A ojos de Valehdella, estaba casada con el hombre mas valiente del reino, y todo el pueblo había ido a luchar para proteger su honor. Eso, la llenaba de felicidad.

Siguió pasando el tiempo, y Valehdella vivió su vida siempre feliz, con todo su mundo centrado en ella, consciente de que era la más querida del Reino, pues todos los años se celebraba la fiesta en su honor, a la que asistía todo el mundo; consciente de que era la mujer más hermosa del reino, pues siempre se encargaban de recordarselo, y nunca había visto a nadie mas hermoso que ella; consciente de tener al mejor marido del mundo, pues este siempre sabía atender todas sus necesidades sin tener que pedirselo; consciente de que todo su pueblo había peleado por ella y por su honor, y que se habían realizado grandes proezas en su nombre.

Vivió feliz hasta el final de sus días, tal y como sus padres habían deseado.”




viernes, 1 de marzo de 2013

Aquél del que nadie sabe, aquél del que nadie habla



            Saludos una vez más, lectores, y bienvenidos a mi simple pero acogedor rincón.  Hoy estoy algo perezoso, así que he decidido regalaros otro pasaje  de “El libro del corazón olvidado”. Lo único es que me resulta pesado escribirlo todo desde el libro, puesto que por Internet no lo encuentro por ningún lado.

            “Aquél  del que nadie sabe, aquél del que nadie habla”

            Era un lugar desconocido, jamás visitado, jamás visto. Descansando sobre un desierto gris, monótono y devastado, se observaba la imponente estructura. Una cúpula de piedra azul, sobria y seca. No fue creada para ser contemplada, y los lujos son innecesarios en este lugar.

            El interior, de la misma magnificencia y sobriedad que la fachada, se envuelve en una espesa oscuridad. No es necesario iluminar aquello que no necesita ser observado, y que nunca va a serlo. Si algún ser se parara en su interior, tras horas en las que acostumbrarse a la tenue iluminación y al silencio, podría asegurar ver un destello de luz instantáneo, un dedo azulado girando en el aire, un ojo parpadeando a una velocidad vertiginosa, y al mismo tiempo lentamente. Para él, aquél del que nadie sabe, aquél del que nadie habla, el tiempo no es importante, pues este le obedece y se mueve a su orden.

            Pero él esta allí, siempre. Un ser delgado y esbelto, con la piel de un color azul intenso, monótono. Sus extremadamente largos dedos, rematados con uñas negras y pulcras, se mueven con precisión milimétrica. Su delicado cuerpo, completamente desnudo, se desplaza a un ritmo difícil de definir en el tiempo y en el espacio, pues este cambia a su alrededor con la misma facilidad que una mariposa levanta el vuelo. Su cabeza ovalada, libre de pelo y mácula, destaca por sus abultados ojos amarillos, que se mueven atentos pero sin derrochar energía. Nadie puede observarle, pero si fuera posible, verían cómo realiza su labor con meticulosa dedicación.

            A sus ojos, la sala esta repleta de miles de millones de pequeñas luces, parpadeando tímidamente.  Cada una de ellas  es una historia, una vida. Una persona que siente, vive, y lucha por sus sueños. Aquél del que nadie habla lo sabe, pues su labor es ordenar esas pequeñas luces, con paciencia y riguroso esfuerzo. Mueve los pequeños faros, mezcla unos con otros, para conseguir los propósitos del mundo. Él, aquél del que nadie sabe, es el que mueve la vida, el que decide cada relación, cada amor, cada amistad, cada traición. No es su voluntad la que dicta las órdenes, él sólo obedece aquello que el tiempo y el espacio le indican.

            A veces, se detiene unos momentos que bien duran eones, bien duran segundos, a observar. Contempla desde su prisión azul una de las infinitas luces. Sostiene entre sus manos esa vida, contemplando todos los aspectos que para él son desconocidos. Se asombra con el torrente de emociones que surgen de ella, con el amor, el miedo, la traición.  En el fondo, envidia aquello que se mueve entre los hilos que él controla, desearía poder sentir, desearía poder ser una luz más en el mundo.

            Pero él, aquél del que nadie sabe, aquél del que nadie habla, es consciente más que nadie de que no es posible. Él es el tiempo, él es el espacio,  su trabajo eterno tiene que ser llevado a cabo, y no hay nadie más que pueda hacerlo.

            Ese observador ficticio nunca existirá. Nadie contemplará la labor que se lleva a cabo dentro de la cúpula de piedra azul. Pues él, es aquél del que nadie sabe, es aquél del que nadie habla, es aquél que nunca vivirá.

viernes, 22 de febrero de 2013

Objetivos



             Lamento la larga temporada de sequía, pero bueno, este blog lo abrí únicamente como terapia, pues escribir es un método de desahogar los atascos emocionales en los que a veces nos vemos sumergidos. He estado muy ocupado con temas importantes para mí, y cuando no tienes tiempo para pensar, no tienes tiempo para acordarte de los problemas.

            Una vez más, vengo a este lugar de calma, sosiego y melancolía, para acercarme a la vieja y solitaria silla. Voy a sentarme, para que todo a mí alrededor se funda hasta desaparecer, y solo quede yo, sentado, con un lápiz y un papel en blanco. Cerrando los ojos puedo imaginármelo, y todo mi interior se ordena más fácilmente.

            Pensad por un segundo, en aquello que os mueve a levantaros todos los días, aquello que hace que salgáis al mundo una vez más, desconocedores de lo que os depara un día ora monótono, ora sorprendente.  Siempre es un objetivo el que rige nuestra vida y la impulsa hacia delante, y no siempre tiene que ser grande, siquiera personal. Tener a alguien a quien cuidar, conseguir un trabajo soñado, una persona a la que querer, una larga espera hasta poder realizar ese viaje deseado, o esas vacaciones merecidas.
Ahora, plantearos que ocurre cuando aquello que deseas en la vida, todo por lo que darías tu tiempo, o incluso a ti mismo, ya no depende de ti en ninguna medida. Pierdes el control de todo por lo que luchas, y en ese preciso instante, te sientes vacío.

Desde hace un tiempo, aquello que me movía ha dejado de pertenecerme. Puedo observarlo, regocijarme si va bien, entristecerme si las cosas no salen como deberían. Pero no puedo seguir peleando por ello. Me han retirado la batuta, la orquesta ya no sigue el son de mis movimientos, y siento que siquiera he podido armarme con un instrumento, para continuar con la sinfonía, aunque sea siguiendo a otro director.

Tiempo hace que he dejado de ser el objetivo de mis metas. He luchado por otras personas más importantes para mí que yo mismo. Supongo que es más fácil solucionar vidas ajenas, que decidirse a mirar a los ojos la de uno mismo, indagar en donde sabes que vas a hacerte daño, y sacar a la luz tu más oscuro temor.
            Mi corazón en estos momentos se encuentra en estado latente, contemplativo. Observa el mundo a su alrededor, pero no permite que nada lo estimule. No es algo que se realice de manera consciente, y por eso es más doloroso y difícil de controlar. No seré yo el que  lo saque de su letargo, y tampoco esta en mi mano alargar la rocosa espera.

            De nuevo soy observador impotente, pero esta vez de mi propio yo. Lo veo andar por el mundo, avanzar sin rumbo, buscando desesperadamente ese faro de luz que ilumine su camino, le permita desplegar las velas y navegar en la dirección deseada, con la ilusión reflejada en los rostros de los tripulantes de ese barco llamado “alma”.

            Nuevamente me han retirado la batuta, he bajado del estrado, pero esta vez es el yo mismo el que sigue sonando sin mí. Y no puedo evitar pensar, melancólico, que esa melodía podría ser mucho más dulce, mucho más plena.

jueves, 31 de enero de 2013

Cortometraje: Validation

No será muy habitual que ponga dos videos seguidos, aunque uno sea una canción, pero si teneis un ratito, os recomiendo este corto, para recordar lo importante que es una sonrisa.