viernes, 22 de febrero de 2013

Objetivos



             Lamento la larga temporada de sequía, pero bueno, este blog lo abrí únicamente como terapia, pues escribir es un método de desahogar los atascos emocionales en los que a veces nos vemos sumergidos. He estado muy ocupado con temas importantes para mí, y cuando no tienes tiempo para pensar, no tienes tiempo para acordarte de los problemas.

            Una vez más, vengo a este lugar de calma, sosiego y melancolía, para acercarme a la vieja y solitaria silla. Voy a sentarme, para que todo a mí alrededor se funda hasta desaparecer, y solo quede yo, sentado, con un lápiz y un papel en blanco. Cerrando los ojos puedo imaginármelo, y todo mi interior se ordena más fácilmente.

            Pensad por un segundo, en aquello que os mueve a levantaros todos los días, aquello que hace que salgáis al mundo una vez más, desconocedores de lo que os depara un día ora monótono, ora sorprendente.  Siempre es un objetivo el que rige nuestra vida y la impulsa hacia delante, y no siempre tiene que ser grande, siquiera personal. Tener a alguien a quien cuidar, conseguir un trabajo soñado, una persona a la que querer, una larga espera hasta poder realizar ese viaje deseado, o esas vacaciones merecidas.
Ahora, plantearos que ocurre cuando aquello que deseas en la vida, todo por lo que darías tu tiempo, o incluso a ti mismo, ya no depende de ti en ninguna medida. Pierdes el control de todo por lo que luchas, y en ese preciso instante, te sientes vacío.

Desde hace un tiempo, aquello que me movía ha dejado de pertenecerme. Puedo observarlo, regocijarme si va bien, entristecerme si las cosas no salen como deberían. Pero no puedo seguir peleando por ello. Me han retirado la batuta, la orquesta ya no sigue el son de mis movimientos, y siento que siquiera he podido armarme con un instrumento, para continuar con la sinfonía, aunque sea siguiendo a otro director.

Tiempo hace que he dejado de ser el objetivo de mis metas. He luchado por otras personas más importantes para mí que yo mismo. Supongo que es más fácil solucionar vidas ajenas, que decidirse a mirar a los ojos la de uno mismo, indagar en donde sabes que vas a hacerte daño, y sacar a la luz tu más oscuro temor.
            Mi corazón en estos momentos se encuentra en estado latente, contemplativo. Observa el mundo a su alrededor, pero no permite que nada lo estimule. No es algo que se realice de manera consciente, y por eso es más doloroso y difícil de controlar. No seré yo el que  lo saque de su letargo, y tampoco esta en mi mano alargar la rocosa espera.

            De nuevo soy observador impotente, pero esta vez de mi propio yo. Lo veo andar por el mundo, avanzar sin rumbo, buscando desesperadamente ese faro de luz que ilumine su camino, le permita desplegar las velas y navegar en la dirección deseada, con la ilusión reflejada en los rostros de los tripulantes de ese barco llamado “alma”.

            Nuevamente me han retirado la batuta, he bajado del estrado, pero esta vez es el yo mismo el que sigue sonando sin mí. Y no puedo evitar pensar, melancólico, que esa melodía podría ser mucho más dulce, mucho más plena.

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