Lamento
la larga temporada de sequía, pero bueno, este blog lo abrí únicamente como
terapia, pues escribir es un método de desahogar los atascos emocionales en los
que a veces nos vemos sumergidos. He estado muy ocupado con temas importantes
para mí, y cuando no tienes tiempo para pensar, no tienes tiempo para acordarte
de los problemas.
Una vez más, vengo a este lugar de
calma, sosiego y melancolía, para acercarme a la vieja y solitaria silla. Voy a
sentarme, para que todo a mí alrededor se funda hasta desaparecer, y solo quede
yo, sentado, con un lápiz y un papel en blanco. Cerrando los ojos puedo
imaginármelo, y todo mi interior se ordena más fácilmente.
Pensad por un segundo, en aquello
que os mueve a levantaros todos los días, aquello que hace que salgáis al mundo
una vez más, desconocedores de lo que os depara un día ora monótono, ora
sorprendente. Siempre es un objetivo el
que rige nuestra vida y la impulsa hacia delante, y no siempre tiene que ser
grande, siquiera personal. Tener a alguien a quien cuidar, conseguir un trabajo
soñado, una persona a la que querer, una larga espera hasta poder realizar ese
viaje deseado, o esas vacaciones merecidas.
Ahora, plantearos que ocurre cuando aquello
que deseas en la vida, todo por lo que darías tu tiempo, o incluso a ti mismo,
ya no depende de ti en ninguna medida. Pierdes el control de todo por lo que
luchas, y en ese preciso instante, te sientes vacío.
Desde hace un tiempo, aquello que me movía ha
dejado de pertenecerme. Puedo observarlo, regocijarme si va bien, entristecerme
si las cosas no salen como deberían. Pero no puedo seguir peleando por ello. Me
han retirado la batuta, la orquesta ya no sigue el son de mis movimientos, y
siento que siquiera he podido armarme con un instrumento, para continuar con la
sinfonía, aunque sea siguiendo a otro director.
Tiempo hace que he dejado de ser el objetivo
de mis metas. He luchado por otras personas más importantes para mí que yo
mismo. Supongo que es más fácil solucionar vidas ajenas, que decidirse a mirar
a los ojos la de uno mismo, indagar en donde sabes que vas a hacerte daño, y
sacar a la luz tu más oscuro temor.
Mi corazón en estos momentos se
encuentra en estado latente, contemplativo. Observa el mundo a su alrededor,
pero no permite que nada lo estimule. No es algo que se realice de manera
consciente, y por eso es más doloroso y difícil de controlar. No seré yo el
que lo saque de su letargo, y tampoco
esta en mi mano alargar la rocosa espera.
De nuevo soy observador impotente,
pero esta vez de mi propio yo. Lo veo andar por el mundo, avanzar sin rumbo,
buscando desesperadamente ese faro de luz que ilumine su camino, le permita
desplegar las velas y navegar en la dirección deseada, con la ilusión reflejada
en los rostros de los tripulantes de ese barco llamado “alma”.
Nuevamente me han retirado la
batuta, he bajado del estrado, pero esta vez es el yo mismo el que sigue
sonando sin mí. Y no puedo evitar pensar, melancólico, que esa melodía podría
ser mucho más dulce, mucho más plena.
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