Saludos visitantes (y no digo lectores, porque
se que algunos entran solo para jugar con las tortuguitas), tomen asiento si lo
desean, aunque como siempre, dejemos la silla vacía.
Vengo a hablaros de un refugio. Estoy seguro
de que todos nosotros tenemos uno, si no varios. Un lugar, ya sea real o
imaginario, donde escondernos en los momentos de necesidad, cuando el corazón
no puede mas, o nuestros sentimientos nos superan. Yo he tenido varios, y aun
conservo algunos. Y estoy seguro de que tengo otros más que desconozco todavía.
Me he refugiado en lugares imaginarios, allí
donde nada ni nadie podían alcanzarme. Tan solo yo, y lo que mi cerebro me
estuviese deparando. Allí ocurría lo imposible con la misma facilidad con la
que cierras los ojos al dormir, mientras que lo real se difuminaba hasta ser
casi inalcanzable. Era un buen lugar para esconderse, pues siempre estaba bajo
mi control, y podía evadirme de los problemas con suma facilidad. El punto
negativo reside en que al tener el control absoluto, pierde ese valor que se le
atribuye a lo ajeno, aquello que nos marca o influye y no elegimos.
Durante mucho tiempo, sobre todo en los peores
momentos, me he refugiado en mundos virtuales. En realidades alternativas donde
los problemas no existían mas allá de mi relación con el resto de habitantes.
No me siento orgulloso de este refugio, pero si de las gentes que lo pueblan,
de su influencia sobre mí y sobre, todo, de la amistad de muchos, que a fin de
cuentas también son personas, algunas mas reales que otras, con sus propios
problemas y emociones. No pienso que sea un buen refugio, pues cargas tus
problemas a otros, pero si que creo que es un buen lugar al que visitar. Detrás
de cada habitante, hay una vida.
Un refugio recurrente y mas real, o quizás no,
son para mi las estrellas. Tengo la suerte de vivir lejos del mundanal ruido de
la cuidad, y en las noches abiertas se puede apreciar la magnitud del cielo. Me
he refugiado muchas veces allí, durante horas que duraban minutos, observando
la inmensidad del vacío, plagado de pequeñas bolitas luminosas, bailarines
brillantes que me invitan a mirar, a dejar jugar mi imaginación con formas e
incluso colores.
El peor refugio, y desgraciadamente el que mas
tiempo he utilizado, es dentro de uno mismo. Da igual la magnitud de tus
problemas, pues en el momento en el que consideras agradable tu propio
interior, cierras los ojos al mundo, y el pegamento que los sella es difícil de
disolver de nuevo.
Refugiarse no es una solución, pero es una
buena manera de reponer fuerzas. Los problemas no desaparecen, y tampoco
esperan. Pero hacer de tu refugio una forma de vida es algo peligroso. La línea
que lo separa es fina, y lo más importante es no caer en uno mismo.
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