Saludos, lectores, y bienvenidos una vez más a
mi rincón particular, donde también podéis participar, que hay habilitada una
opción para comentar las entradas.
Hoy
vengo a hablaros de historias. Esas que vemos todos los días, siempre
incompletas, tan solo retazos de algo mucho más grande y personal. Ayer,
paseando con la bicicleta por la ciudad, decidí observar a mí alrededor. Estaba
rodeado de conversaciones desconocidas, de apresurados pasos con intrigantes
objetivos, de miradas esquivas. Durante
unos momentos, me maravillé de todo lo que veía.
Dos niños pequeños correteando por la acera,
persiguiendo a enemigos invisibles y disparando con sus armas al vacío. Pero
todos sabemos que eso no es cierto, ¿verdad?; fuimos niños un día, y sabemos
que esas armas disparan, y que gracias a ello el mundo esta a salvo de los
malvados. Entre la impersonalidad de la ciudad, las bastas extensiones de
hormigón y ladrillo, de luz y precios, de consumo y prisas, aún hay quienes ven
la vida como lo que es: algo sencillo. Y puede sonar tonto, pero ver a unos
niños jugar por la calle, sin preocupaciones, sin el miedo a vivir que tanto
asusta a los que ya hemos crecido (o al menos un poco), me hace aflorar una
sonrisa.
Una mujer, cargada de bolsas, salía del
supermercado con paso ligero. Una de las bolsas se rompió en la entrada,
desparramando alimentos y paquetes por la acera. Rápidamente un hombre se
agachó a ayudar a la apurada mujer, y entre los dos consiguieron arreglar el
desaguisado. Educadamente la mujer agradeció la ayuda, y continuó su camino, al
mismo trote ligero. El hombre continuó donde estaba en un principio, apoyado en
una pared, fumando un cigarrillo. Me paré a observarle, y su mirada denotaba
tristeza, una profunda tristeza. Sin embargo, había socorrido a una desconocida
en algo trivial, ajeno a él, olvidando sus problemas para preocuparse de otros.
Puede sonar tonto, pero la buena voluntad de la gente, me hace aflorar una
sonrisa.
Vi a una pareja, un par de jóvenes, no más de
15 años, caminando por la calle. Sus miradas se perdían no muy lejos: en los
ojos del otro. Se sentaron en un banco, frente a frente, a hablar entre
sonrisas y ojos brillantes. Un amor, quizás pasajero, quizás para siempre, que
desata los sueños de futuro, las ganas de vivir, la esperanza y la ilusión de
levantarse un día más porque tienes un motivo para continuar. Puede que la vida
les decepcione, pero vendrán otros amores, que volverán a cargar de ilusiones
sus corazones. Y puede sonar tonto, pero contemplar a alguien con sueños y
esperanza, me hace aflorar una sonrisa.
Pude ver a un señor mayor, con una pequeña
bolsa de basura y un bastón, caminar lentamente hacia los contenedores. Detuve
mi bicicleta, pues el anciano estaba cruzando el carril bici, de forma
indebida, he de añadir. Al verme se sobresaltó, y me pidió disculpas, azorado.
Le observé mientras tiraba la basura, y con una sonrisa en sus cansados y
ajados labios, me dio las gracias por esperar, mientras intentaba apretar el
paso para dejarme sitio. Tras un educado: “No se preocupe caballero, no pasa
nada”, continué mi carrera. Gire mi cabeza para mirarle una vez más, y estaba
mirando a los dos niños jugar mientras se sentaba en un banco. Puedo asegurar
que su expresión apacible, su continua sonrisa y su mirada, dejaban ver a un hombre
que ha vivido todo, y disfruta viendo que el mundo sigue su curso, con nuevas
vidas llenas de felicidad. Y puede sonar tonto, pero ver a alguien en paz
consigo mismo, contento de existir, me hace aflorar una sonrisa.
Y observé muchas cosas mas, muchas mas
historias, muchas mas vidas. Cada una con más historias entrelazadas, más
sueños, y más ilusiones. Algunas son tristes, otras son inocentes, y otras son
felices. Es importante saber que todo lo que hacemos repercute en los demás,
aunque sea de manera ínfima. Quizás un simple: “Buenos días” al cruzarte con
alguien le afecte mas de lo que piensas; puede que un mero: “Usted primero,
caballero”, alegre el día a alguien que veía nubes en todas partes.
Y puede sonar tonto, pero saber que no estoy
solo, que puedo mejorar la historia de los que me rodean, me hace aflorar una
sonrisa.
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