viernes, 18 de enero de 2013

Historias



Saludos, lectores, y bienvenidos una vez más a mi rincón particular, donde también podéis participar, que hay habilitada una opción para comentar las entradas.
 Hoy vengo a hablaros de historias. Esas que vemos todos los días, siempre incompletas, tan solo retazos de algo mucho más grande y personal. Ayer, paseando con la bicicleta por la ciudad, decidí observar a mí alrededor. Estaba rodeado de conversaciones desconocidas, de apresurados pasos con intrigantes objetivos,  de miradas esquivas. Durante unos momentos, me maravillé de todo lo que veía.
Dos niños pequeños correteando por la acera, persiguiendo a enemigos invisibles y disparando con sus armas al vacío. Pero todos sabemos que eso no es cierto, ¿verdad?; fuimos niños un día, y sabemos que esas armas disparan, y que gracias a ello el mundo esta a salvo de los malvados. Entre la impersonalidad de la ciudad, las bastas extensiones de hormigón y ladrillo, de luz y precios, de consumo y prisas, aún hay quienes ven la vida como lo que es: algo sencillo. Y puede sonar tonto, pero ver a unos niños jugar por la calle, sin preocupaciones, sin el miedo a vivir que tanto asusta a los que ya hemos crecido (o al menos un poco), me hace aflorar una sonrisa.
Una mujer, cargada de bolsas, salía del supermercado con paso ligero. Una de las bolsas se rompió en la entrada, desparramando alimentos y paquetes por la acera. Rápidamente un hombre se agachó a ayudar a la apurada mujer, y entre los dos consiguieron arreglar el desaguisado. Educadamente la mujer agradeció la ayuda, y continuó su camino, al mismo trote ligero. El hombre continuó donde estaba en un principio, apoyado en una pared, fumando un cigarrillo. Me paré a observarle, y su mirada denotaba tristeza, una profunda tristeza. Sin embargo, había socorrido a una desconocida en algo trivial, ajeno a él, olvidando sus problemas para preocuparse de otros. Puede sonar tonto, pero la buena voluntad de la gente, me hace aflorar una sonrisa.
Vi a una pareja, un par de jóvenes, no más de 15 años, caminando por la calle. Sus miradas se perdían no muy lejos: en los ojos del otro. Se sentaron en un banco, frente a frente, a hablar entre sonrisas y ojos brillantes. Un amor, quizás pasajero, quizás para siempre, que desata los sueños de futuro, las ganas de vivir, la esperanza y la ilusión de levantarse un día más porque tienes un motivo para continuar. Puede que la vida les decepcione, pero vendrán otros amores, que volverán a cargar de ilusiones sus corazones. Y puede sonar tonto, pero contemplar a alguien con sueños y esperanza, me hace aflorar una sonrisa.
Pude ver a un señor mayor, con una pequeña bolsa de basura y un bastón, caminar lentamente hacia los contenedores. Detuve mi bicicleta, pues el anciano estaba cruzando el carril bici, de forma indebida, he de añadir. Al verme se sobresaltó, y me pidió disculpas, azorado. Le observé mientras tiraba la basura, y con una sonrisa en sus cansados y ajados labios, me dio las gracias por esperar, mientras intentaba apretar el paso para dejarme sitio. Tras un educado: “No se preocupe caballero, no pasa nada”, continué mi carrera. Gire mi cabeza para mirarle una vez más, y estaba mirando a los dos niños jugar mientras se sentaba en un banco. Puedo asegurar que su expresión apacible, su continua sonrisa y su mirada, dejaban ver a un hombre que ha vivido todo, y disfruta viendo que el mundo sigue su curso, con nuevas vidas llenas de felicidad. Y puede sonar tonto, pero ver a alguien en paz consigo mismo, contento de existir, me hace aflorar una sonrisa.

Y observé muchas cosas mas, muchas mas historias, muchas mas vidas. Cada una con más historias entrelazadas, más sueños, y más ilusiones. Algunas son tristes, otras son inocentes, y otras son felices. Es importante saber que todo lo que hacemos repercute en los demás, aunque sea de manera ínfima. Quizás un simple: “Buenos días” al cruzarte con alguien le afecte mas de lo que piensas; puede que un mero: “Usted primero, caballero”, alegre el día a alguien que veía nubes en todas partes.

Y puede sonar tonto, pero saber que no estoy solo, que puedo mejorar la historia de los que me rodean, me hace aflorar una sonrisa.

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