Saludos
visitantes, bienvenidos una vez más a mi humilde parcelita, donde trabajo
diariamente las palabras sin esperar fruto, por el mero placer de escribir.
En esta ocasión, quería hablar del
egoísmo. Esta palabra, tan usada cuando éramos pequeños y nuestro amigo no
quería dejarnos su juguete, tan redicha en incontables peleas con padres o
amoríos, es algo mucho más profunda que el mero hecho de no compartir un
juguete. Los actos de egoísmo desconsiderado, consciente o inconsciente, pueden
dañar y mucho a otros. Hablo de la relación entre las personas, de anteponer
tus propios fines a los de los demás, hablo de ignorar el daño que causas o vas
a causar para simplificarte la vida. Sea por cobardía, vergüenza, rabia o
celos. La sociedad esta excesivamente deshumanizada, y es muy sencillo vivir
bajo motivos egoístas, pues el sistema invita a ello, si bien trataré este tema
en otras entradas.
Son demasiadas las personas que
viven únicamente para si mismos, sin preocupación, remordimiento, o conciencia.
En esta ocasión quiero centrarme en un único ámbito, si me lo permitís.
Cuando el egoísmo se aplica a los
sentimientos, se vuelve algo diferente. Deja de ser una forma de ver el mundo,
para convertirse en acciones concretas con consecuencias seguras. Cuando el
amor, la amistad, el cariño, entran en juego, el daño causado puede ser atroz
en los sentimientos de una persona, y de curación lenta y dolorosa. Esos
corazones con cicatrices pueden no llegar a sanar nunca, y muchas veces no
estamos preparados para conocer el daño que causamos.
Una de las frases que mas he escuchado sobre
mí a la gente que me rodea es: “De bueno que eres, eres tonto”. Así es. Cada
vez estoy más convencido de que están en lo cierto, pero no creo que la
solución a los problemas sea cambiar la personalidad para poder enfrentarte al
egoísmo ajeno. He vivido situaciones difíciles, aunque todos vosotros podréis
responderme que también, la vida de todo el mundo es dura. He sufrido egoísmos
ajenos que me han marcado profundamente, cambiándome por completo y dejando,
como bien he dicho, cicatrices de dolorosa y lenta curación. Y no será la
última vez que suceda. Cada una de esas pequeñas muescas que se van marcando en
mi interior, me hacen más fuerte, me aportan más experiencia para no volver a
golpearme con la misma piedra. No pienso cambiar mi forma de ser para
prevenirme de esos golpes, porque entonces me estaré convirtiendo en aquello
que no deseo ser.
He intentado ser egoísta, bastantes veces, si
bien en contadas ocasiones me he atrevido a serlo, y los resultados no me han
resultado satisfactorios. Puedo soportar lo que a mí me ocurre, pero observar
la injusticia a mí alrededor, y mas aún siendo yo el causante, es algo que no
consigo admitir. Desde aquí pido disculpas a quienes las merecen, me lean o no.
No soy quien para aconsejar nada a nadie,
simplemente escribo lo que pienso. Las personas que pasan por nuestras vidas
causando únicamente daños egoístas, no merecen nuestras lágrimas, suspiros, o
miradas. Sentirse bien con uno mismo, saber quien eres, respetarte a pesar del
dolor sufrido, con la conciencia tranquila, eso es algo que a la larga tendrá
recompensa.
La vida no es justa, esas palabras quedaron
atrás junto al juguete que no quiso prestarnos nuestro amigo, y no hay un Dios
que de a cada uno lo que se merece. Por eso lo importante es estar tranquilo
con uno mismo, para el día de mañana, no poder reprocharte nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario